El uso de la cantimplora de barro se remonta a las antiguas civilizaciones, como el Imprerio Romano o la Celtiberia, donde su capacidad para mantener el agua fresca y pura la convertÃa en un artÃculo indispensable.
Tal fue su popularidad y practicidad que encontramos diseños muy similares en toda Europa a lo largo de diferentes épocas, cuya forma y uso han permanecido inalterables hasta nuestros dÃas: una forma práctica y fácil de producir, y un material poroso, la arcilla, que permite la evaporación y refresca naturalmente el contenido.
Fue utilizada indistintamente por pastores, viajeros, militares o peregrinos… Nuestra cantimplora, inspirada por un ejemplar medieval de Al-Andalus del siglo X, está fabricada siguiendo las técnicas de la alfarerÃa tradicional.
Esta cantimplora no solo es una pieza práctica, sino también un sÃmbolo de conexión con nuestras raÃces. Elaborada con el mismo cuidado y dedicación que antaño, cada pieza cuenta una historia de tradición y cultura, transportándonos a un tiempo en que la vida era más sencilla y auténtica.









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